Cuando eres niño, usualmente, tus padres no quieren que estés enterado de las malas noticias, tratan de "maquillar" lo que sucede en tu casa, familia o país de alguna manera ingeniosa.
Como por ejemplo, cuando mi hermana y yo eramos niñas y vivíamos de apagón en apagón (por que el terrorismo volaba las torres de luz) tratábamos de disfrutar la noche, jugábamos con mamá y nos íbamos a dormir temprano las tres.
Pero una noche no se pudo "disfrazar" más la información.
Era 1992 y mi mamá trabajaba en ENTEL PERÚ (ahora se llama Telefónica) mi mamá tenía mucho tiempo trabajando en esa empresa, aprovechaba mucho las horas extras, porque para ser sinceros, ese ingreso extra para una madre soltera siempre es conveniente.
Una de esas noches mi mamá decidió salir temprano, no a las 9pm como acostumbraba, sino a las 7 y llegó a casa para estar juntas.
A las horas nos enteramos que había explotado un coche bomba en la Av Tarata - Miraflores, que los cuerpos calcinados, mutilados y enterrados por los edificios destrozados eran innumerables, que la gente lloraba alrededor esperando encontrar a sus familiares, y que una vez más el terrorismo había logrado sacudir nuestros nervios sintiéndonos presos de sus acciones de horror.
La oficina de mi mamá estaba a la espalda de Tarata.
Es increíble que al pasar de los años se haya logrado "olvidar" lo que ensombreció a nuestro país. El terrorismo señores, jóvenes, chicos, existió y a pesar de que Abimael Guzmán (cabecilla de Sendero Luminoso y otros seguidores de él y su doctrina) estén presos no significa que su ideología lo esté.
No confiemos en "ideas nuevas y rebeldes" que te pueden hacer sentir que su objetivo es crear lo mejor para el país, es totalmente lo opuesto; no nos llenemos la cabeza pensando que el levantamiento de armas o la lucha contra los "ricos y poderosos" se lograría de esa manera. Todos formamos una país que se levanta y cae, pero siempre tratando de alcanzar objetivos. No ensombrezcamos una vez más con terror, con odio, con violencia.
Todos somos parte del Perú, crezcamos como sociedad, como país, como personas con visión y planes a futuro. Eduquemos a nuestros hijos, hablemos con nuestros hermanos menores, para que conozcan lo que pasó y lo que no debe volver a suceder.